
2006 ha sido un año raro, muy raro. Más ilusiones que desilusiones, más alegrías que tristezas, más propósitos finalmente conseguidos que metas sin alcanzar, pero, aún así, un vacío interior, tremendo, invade mi alma. Vacío que dudo que en 2007 se vuelva a llenar.
Acabo el año arruinando mi tarjeta prepago, y lo empiezo con improvisadas rayas de cocaína en el ferrocarril, un espontáneo lago de cerveza que encharca mis zapatos (y los de otr@s), un apetecible olor a porro y un convaleciente yonki tirado en medio del Eixample que asegura haberse metido “de tó”. Recibo un SMS que me desconcierta. Ah, me olvidaba. Para variar, para evitar romper con la cotidianeidad y la monotonía que caracteriza la flota de trenes en Barcelona, recibo, recibimos, el amable y generoso trato de servicios (¿Suena a prostitución, no?) de la admirada y respetada RENFE. Mientras llega el primer tren, crío telarañas: mi vello púb(l)ico vuelve a tener tiempo de sobras para (volver a) crecer y poder hacer kilométricas trenzas. No, no me las hago, no hay ganas, no hay fuerzas. No sé hacer trenzas, lo siento.
No obstante, pude recibir el calor y estima de mis seres queridos, de los que me apoyan, de los que (no me lo dicen, pero…) me quieren y, cómo no, de mis adorables rostros adolescentes que me acompañan en cada semáforo y poste de Barcelona. Ojala en 2007 os pueda seguir acariciando como os merecéis. Sois la ostia, lo mejor.
Empiezo 2007 caminando, haciendo ejercicio (sin comentarios…), camuflado del frío como un terrorista y, como buen rojo que soy, escuchando la Ser. Veo a 2007 amanecer ante mis ojos. A pesar de considerarme romántico, reconozco que no me hace ninguna ilusión el momento. Al contrario, me indigna, me pone de mala leche.
No, no escribo bajo los efectos del alcohol, pero sí con un dolor de cabeza, talones, garganta e indignación general que me veo obligado a canalizar mediante estas líneas autistas.
Much@s os preguntaréis porqué coño he puesto la imagen con la que Google da la bienvenida al 07. Y si no, me da igual, me auto respondo, que soy experto en la materia. Telecinco estrenó en 2006 un programa llamado “El Buscador” (el cual confieso conocerlo a través de los refritos – zappings). Miles de personas podrían, podríamos, titular “El Buscador” a nuestra particular nochevieja, a ése momento posterior a la petición clandestina del deseo anual: 365 días de búsqueda insaciable para hacer realidad lo que hemos pedido, un rastreo que a veces finaliza antes de que acabe el año, pero que, como animales egoístas que somos, retomamos la búsqueda con otros propósitos, reafirmando las bases del egoísmo humano y la insatisfacción social. Seguramente los creadores de Google encontraron la brillante inspiración en nochevieja. Mierda, tendría que haber patentado la idea.

Ojala este texto, este inicio de año, sea una mera sombra en la parte inferior de un labio, cual Frida Kahlo, un icono artístico que admiro enormemente. Un bigote que está ahí, que no se afeita porque existe, porque, por muy feo que estéticamente parezca a los demás, da calor, cobijo, protege de agresiones externas. Ojala tras el espeso y oscuro bigote, tras la opresión que ofusca las fosas nasales (e impiden, consecuentemente, no poder respirar como uno se merece; bueno, no es que me lo merezca, es que es vital), haya un esbozo de sonrisa, tímida, discreta, sin pintalabios ni brillo carnavalesco, pero que haya una sonrisa.
Ese es mi deseo a 2007. ¿Es mucho pedir?
P@: Aunque no tenga regalo de Reyes, continúo esperando una “rachola” volveriana/Barcelonesa. Mi habitación lleva años pidiéndolo a gritos.
0 comentarios:
Post a Comment