Es domingo. El hombre de la pensión estrena chaqueta nueva. Sale de la pensión orgulloso de su nuevo vestido de gala. La prenda es de color beige con una línea roja en cada brazo. Como es habitual, se sienta en su banco, enciende un cigarro y, mientras le da intensas caladas a su preciada droga, observa cómo las familias (supuestamente) felices disfrutan de la soleada mañana dominical. Competición descarnada en la que el ganador es aquél que consigue derrochar mayor dosis de hipocresía concentrada y disfrazada de positivismo y bienestar social.
A lo lejos ve venir un señor mayor. Un viejo, vamos. ¿Una nueva oportunidad de intercambiar palabras? ¿Una posible vía de escape para romper con el hermetismo silente que diariamente se impone en su vida? Debe intentarlo. Se acerca a él con prudencia, con milimétrica cautela. El fósil está sentado en un banco muy largo, por lo que existe la posibilidad de sentarse a unos metros de él, como el que no quiere la cosa. Le observa, no dice ni ‘mú’. El señor tiene la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, tiene los ojos cerrados y absorbe compulsivamente los agresivos rayos de sol. Está frito. Le mira, sonríe y sigue fumando. Al cabo de unos minutos, el viejo abre los ojos y descubre la presencia fantasma del hombre de la pensión.
Empiezan a hablar. Hay comunicación. El contenido me da igual, lo que valoro, lo que verdaderamente aplaudo y me llena de ilusión y alegría, es el continente, el diálogo, el intercambio de palabras.
Cuando acabe de comer, sacaré al perro. ¿Volveré a hablar con el hombre de la pensión?
8 comentarios:
Chaqueta nueva...
Tu hombre de la pensión trataba de cubrir su personaje y su secreto, o ¡quién sabe! quería salir guapo en la foto. Cambió su ropa de dormir, que es la cremallera de su intimidad, por una chaqueta de color crema, que es el color más parecido al blanco, pero matizado y sin resplandor. Sus brazos decorados con listas en rojo, que es el color del fuego, son tatuaje ocasional para el peatón de turno. Pero se olvidó de un detalle: cambiar la ubicación de su asiento, porque no quiere desprenderse de su entorno. La pensión es su documento de identidad, su tarjeta de presentación.
Besos, kLiO
"La pensión es su documento de identidad, su tarjeta de presentación"
¡Me encantó ese análisis sobre el hombre de la pensión! Es tan misterioso, enigmático... Me tiene, nos tiene, enganchados eh!
Muchas gracias Klio, corazón, eres un tesoro. Mil besitos catalanes.
Dímelo a mí! Es todo un enigma para los que estamos enganchados a tu blog, porque ya sabes que aunque no escribamos comentarios, estamos pendientes, al acecho... al igual que tú con el hombre de la pensión. Esperamos una nueva entrega!
¿que pasó con "el hombre de la pensión II"? Lo he buscado en el blog y no lo encuentro, tal vez fuese demasiado triste.
Seguiré leyendo hasta averiguar que hace en el banco, porque la pensión y si entablasteis alguna conversación que nada tubiese que ver ni con el perro ni con el si está lloviendo o hace sol.
Adelante
Ya lo he leido.
Es que despues de leer lo de las bragas exfoliantes perdí el curso de la vida y no veia otra cosa.
Jaja. Yo también flipé cuando me explicaron lo de las bragas exfoliantes. Aún ahora, cuando me voy a duchar, miro la ropa interior, el gel, y suspiro...
Et dediques ara al voyeurisme y a mirar qui entra y surt de la pensió? ;-)
I respecte a quedar...no et prometo res, però intentaré fer un espai per un cafè!
Ok, te tomo la palabra ;-)
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