01 September 2007

EL TREN DE LA BRUJA




Primera semana de septiembre de 1988. 'És Festa Major!'.

Como mandaba la tradición, visité la esperada feria ambulante del pueblo junto a toda la familia. Mi instinto sadomasoquista se derretía al acercarme a la festejada atracción ‘El tren de la bruja’. Mi cuerpo se descomponía, pero a la vez se derretía, desbordado de placer, al montarme en aquél espectáculo terrorífico y apasionante. Normalmente subía junto a un familiar, el cuerpo del cual acababa con varias marcas en los brazos debidos a los pellizcos aterradores que descargaban la adrenalina que mi cuerpo producía durante los minutos que duraba el subidón brujíl.

Observémoslo fríamente, huyamos de la subjetividad: pagar para que un adolescente, el cual camufla su rostro volcánico con una careta de los chinos (los nostálgicos ‘Todo a 100’), te maltrate con una escoba pulgosa hasta dejarte, irremediablemente, totalmente fascinado e inconsciente por la excepcional distracción. Sin duda, lo mejor de todo, era que si conseguías ser el afortunado que le ‘robaba’ la escoba a la disputada bruja, ésta te brindaba la oportunidad de disfrutar de un viaje más, aparentemente gratuito, pero que continuaba teniendo el terror que había caracterizado los anteriores episodios.

Lo siento. No puedo, ni quiero, evitar extrapolar la esencia argumental de esta atracción a una escena criminal con pura esencia cotidiana y doméstica. El maltratador, embozado de ira y desbordado por los celos y una locura enfermiza, coge la escoba. Esta, inmediatamente, se convierte en un icono flagelador que convierte a la víctima en sumisa y, de manera paralela, el maltratador, adquiere dimensión de gigante manipulador y descuartizador de sentimientos y ganas de vivir. El tren empieza a dar vueltas, y la bruja aparece en el momento y lugar menos pensado. Durante el viaje, las víctimas intentan disuadir el terremoto agresivo mediante el robo de la escoba: intentan liberarse una y otra vez de la agresión. La mayoría no lo consiguen, caen en las redes de la bruja, y el viaje acaba así, poniéndole freno a un tren vicioso que daba vueltas, sin sentido, entorno una razón absurda, meramente ficticia e injusta. Hay quien consigue quitarle la escoba a la bruja. Por unos momentos, disuaden las ansias asesinas de ésta, la cual ofrece una nueva oportunidad. Promete el oro y el moro, promete cambiar, una nueva vida, un nuevo inicio. La víctima acaba creyendo el discurso propagandístico del verdugo, ‘verduga’ en este caso y, apenas sin darse cuenta, se embarca en el mismo artilugio en el cual ha estado viajando durante los peores, e interminables, momentos de su vida. Esta vez la bruja no tendrá piedad, ya que conseguirá aniquilar su principal punto de mira. El viaje llega a su fin.

Es curioso cómo se han invertido los géneros de la metáfora que acabo de exponer. La bruja, maltratadora, es mujer, femenina. La víctima, en este caso era yo mismo, masculino, maltratado por la tortura que emerge de la escoba. Atención a un detalle esencial. La bruja, terror feminista personificado, oculta, tras su máscara, un macho salvaje que disfruta con el martirio a los pasajeros de la atracción.

Sé que en la mayoría de casos, son los hombres los que maltratan. No obstante, desde aquí quiero rendir homenaje a todos aquellos chavales/chicos/hombres/señores/viejos/ancianos, cuyas voces y testigos son ridiculizadas ante la opinión pública y ante la ley. Son una minoría, lo sé, pero también merecen ser amparados por la justicia y no ser pisoteados por una mayoría feminista que obvia estos casos, que rápidamente ‘generaliza’, y que cree antes las excelentes mentiras de una mujer que unas honestas lágrimas desesperadas de un hombre maltratado.

La vida en pareja es un cóctel sadomasoquista en el cual emociones opuestas se fusionan en un sabor único, agridulce, que penetra en nuestros sentidos, y hace que nos hagamos adictos a él. Lo mismo ocurre con el tren de la bruja y otras atracciones feriales. Emociones adversas, excitación y terror, agitación y arrepentimiento, adrenalina y sangre, amor y desamor, vida y muerte. Mejor pensado, no es sólo la vida en pareja la que ofrece esta bipolaridad tan radicaliza. Es la vida, que del nacimiento a la muerte, dos extremos tan distintos pero cercanos y concordados, nos empuja a un abismo de extremos e incoherencias constantes.

Sin embargo, me gustaría aclarar que todas aquellas personas prisioneras de la unión denominada ‘pareja’, suelen creer que el dolor y el sufrimiento es menor a la felicidad y al goce que nace de la relación. Creen que les compensa. Consideran que, a pesar de la agonía y de lo mal que lo pasan, vale la pena arriesgar, volver a subirse al tren de la bruja. Por este motivo, año tras año, dicha atracción vuelve, exitosa, las ferias de nuestros pueblos; porque los propietarios saben que tienen una clientela fija, adicta a las construcciones sociales impuestas por la sociedad. Son clientes potenciales, ciegos que se arrodillan y hacen caso omiso a las ordenes que el resto de miradas lanzan, cual arpón afilado, a su existencia humana.


P@: Empecé este Vómito Literario con la intención de escribir una historia sobre un globo-delfín, y he acabado escribiendo sobre el tren de la bruja y estableciendo una metáfora tragicómica con los extremos que conlleva la vida en pareja. En breve intentaré volver a escribir sobre el delfín, pero quién sabe en qué acabaré soñando...

3 comentarios:

kLiO said...

Ahora que he leído tu post recuerdo que siempre tuve pavor a subir en el tren de la bruja. No comprendo la gracia que puede hacer una persona disfrazada que te da escobazos a escondidas, aún sabiéndolo, y cuando menos te lo esperas y encima hay que reirse...

Muy buena metáfora para tu crítica. Estoy de acuerdo contigo.

Picos almodovarianos,

Labana said...

Estupenda metáfora... tren de la bruja... amor-desamor, pero como dices vale la pena arriesgar, aunque luego duela.

Muchos besos

URSULA said...

Hola...mi nombre es Ursula y el motivo por el que dejo aqui mi comentario es el siguiente...estoy haciendo un proyecto para la representación de una obra teatral...concretamente FANDO Y LIS del autor FERNANDO ARRABAL, os la recomiendo...es buenísima.
El caso, es que para la escenografía quería información sobre las vías que llevan en concreto EL TREN DE LA BRUJA....me gustaría implantar esa estructura de vía circular en el teatro....Si consiguiese información sería estupendo.
Muchas gracias.
MI EMAIL: mcursula@gmail.com