24 September 2007

MUÑECA ABANDONADA, INFANCIA OLVIDADA.

Aunque la mayoría de madres histéricas estén en mi contra, me declaro partidario, ‘fans’ en plural, de guardar objetos, mierda según ellas, en los armarios.

Esta tarde, mientras volvía de rehabilitación, me topé con un container situado en una esquina cercana a mi actual residencia, el cual albergaba la semilla de este relato. Una muñeca semimutilada, con pelo rubio platino mal cortado por culpa de un arrebato de vena peluquera, abandonada a los pies del váter que recoge la mierda que desechamos a diario. Diversos objetos desechados consolaban sus imparables llantos desolados: separadores de plástico multicolor, varias bolsas de plástico, papeletas participa-eb-sorteo-que-queremos-tus-datos-para-enviarte-publicidad del Condis, y una libreta del Carrefour ‘Happy Girl’ (precisamente acababa de ver a mi prima ‘la puta’, que mucho tiene que ver con ese nombre en inglés). Inmediatamente saqué la cámara digital. El resultado salta a la vista.

A muchos os parecerá una imagen tétrica, sádica o incluso terrorífica, pero la primera impresión que tuve al ver la muñeca descuartizada por el suelo fue de pena, de terror nostálgico, de compasión por la añoranza que el sujeto que la perdió, o se deshizo de ella, tiene, tendrá, sufrirá, en un futuro no muy lejano.

Deshacerse de los juguetes de la infancia, así como tirar, quemar, romper o, peor aún, ceder a la vecina maruja e interesada los libros (de texto) de tus hijos, son crímenes imperdonables que las madres comenten frecuentemente, o persuaden a sus hijos para que los lleven a cabo de manera clandestina.

Por ejemplo. Yo, de pequeño, estaba obsesionado con coleccionar gomas de borrar de todo tipo de formas, colores, olores y demás rasgos calificativos. Llegué a llenar dos cubiletes de plástico con cientos de gomas. Cuando aludes de suspiros nostálgicos tocan a la puerta de mis recuerdos, sé que puedo abrir los potes con gomas, impregnarme del olor que desprenden, y evocar mi memoria a aquellas tardes de invierno en las que, a diario, acompañaba a mi hermana a hacer recuperación. Sin embargo, añoro poder releer aquellos libros que mi madre me leía antes de irme a dormir: el libro de Petete, el soldadito de plomo, los minicuentos de Heidi que valían 20 pesetas, Hansel y Gretel, Pulgarcito, y un eterno etcétera. Me gustaría poder leérselos a mi (futuro) hijo o hija, decirles que las nanas literarias que mecen sus párpados, también me hacían dormir a mí cuando yo era pequeño.

Soy consciente que si sigo almacenando cosas acabaré creando un búnker irracional. Me da igual. Mi querido Espinete de peluche, mi koala Mofli, mis muñecos de Dragon Ball (4.995 ptas cada uno), así como infinidad de recuerdos de mi cronología vital, se encuentran encerrados en un armario situado justo encima de mi cama. Duermo cada día, pero rara vez me acuerdo del contenido de mis sueños. Sin embargo, sé que cada vez que quiera puedo abrir el armario, cerrar los ojos y volver a sentir el tacto de los objetos gracias a los cuales soy quien soy en la actualidad. Viajar al pasado, oler la infancia, homenajear mi sustrato vital.

Hablando de muñecas abandonadas. Mi abuela rescató hace unos años una de un container; gigante, descomunal, da impresión verla. Habla con ella, duerme en su cama, le pone vestiditos, le ofrece baños relajantes, peinados singulares. Un día de estos escribiré sobre mi abuela y su muñeca. Necesitaré varias entregas. Dará para mucho.

4 comentarios:

Labana said...

Hola Almo, me ha encantado tu post.

Mi mami... mi mami... es de las que lo daban o tiranban todo, así que a saber dónde están mis juguetes. Y visto desde mi perspectiva menudo panorama el mío, sin contar con ellos y por otro lado también sin recordar lo que sueño... Pero bueno, en ocasiones sueño despierta que es lo que más cuenta ;)

Besos

Maria Del said...

1.Los libros de texto que dejamos nunca los recuperamos
2.Mis padres dieron un vestido que me encantaba cuando tenía 5 años y otro de gitana de cuando tenía 7 a niñas diferentes en épocas diferentes y las dos veces supuso una pelea, el vestido de cuando tenía 5 años me explicaron que los padres no tenían dinero para comprale ropa a la niña y a mi ya llevaba un año quedandome chico , lo acepté pero sin dejar de preguntarles como la hija de un "Mercadillo de MAri" donde comprabamos nuestra ropa no tenía que ponerse. El vestido de gitana fué el año pasado a una niña que odio y le dije a mi tia que como ese enjendro tuviese la dicha de romperme el vestido, la mataba independientemente de la diferencia de edad
3- A mi hermana también le dió por lo de las gomas, no sé que hizo de ellas
4-Soy una basurilla y me encanta guardarlo todo, en mi cuarto encontraras hasta servilletas de papel con la fecha de ese dia y me hacen recordar momentos. Aun así, teniedo encuenta que nunca tiré nada, ¿donde estan todos mis juguetes? Recuerdo que uno de mis hermanos los rompia y otro "los intentaba arreglar" pero ¿quien les hacía desaparecer? Comprendo que desapareciesen mi tropeta y mi piano elefante, mas que nada porque aquello que yo creía melodias sería mas bien ruido infenal al oido de mis progenitores, pero ¿y el resto?
Un saludo

Anonymous said...

Hola tu vender el mueco de espinete? Quando si, mi gusta comprar este.. Yo colecione todos de barrio sesamo.
pjbbokdam@onsbrabantnet.nl

Requerdos Paul de Holanda

Belinda said...

He acabado aquí por casualidad... buscando imágenes que me trasladasen a mi infancia perdida... lo sé es algo que no podré recuperar... aunque es cierto que tengo consuelo al ver que he ido recuperando ciertos objetos que tuve... Me arrepentiré siempre de haber dado a las vecinas más pequeñas mi enorme colección de barbies, kenes,ropita de barbie y ken, mueblecitos, coches...mi mundo barbie; me arrepentiré siempre de haber dejado unos cuentos troquelados de Ferrándiz que mi madre me había regalado porque ya nunca los volví a ver (cierto es que actualmente hago la colección que ha sacado Planeta Agostini, pero estos son tan nuevos, que no tienen el tacto de mi madre cuando me los leía)y me arrepentiré siempre de haber perdido en la calle mientras jugaba mi muñeco Casimiro de goma, aquel tan simpático que llevaba un cepillo de dientes... en fin... me ha encantado tu blog