
Después de 1 mes y 8 días, mi estado psíquico me permite, o al menos eso creo, esbozar estas breves líneas. Hasta el momento, desconocía lo que era esta sensación: estar sumido en un oasis tenebroso repleto de haces de luz cual trampas mortíferas, que te empujan a una dimensiones paranoicas cercanas a una desesperación aún más profunda, oscura y surrealista.
Los entendidos en materia depresiva afirman que atravesar este desierto anímico, es equivalente a un luto espiritual, a caballo entre la euforia y el suicidio moral, esencial y necesario para poder alcanzar en un futuro (cercano para ellos, lejano, utópico y aparentemente inalcanzable para quien lo vive en primera persona) supuestamente cotidiano y próximo a la extendida y enfermiza normalidad.
Los entendidos en materia depresiva afirman que atravesar este desierto anímico, es equivalente a un luto espiritual, a caballo entre la euforia y el suicidio moral, esencial y necesario para poder alcanzar en un futuro (cercano para ellos, lejano, utópico y aparentemente inalcanzable para quien lo vive en primera persona) supuestamente cotidiano y próximo a la extendida y enfermiza normalidad.
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