31 July 2008

MAREA BAJA, MAREO ALTO

Paseando por el sur de la costa Británica observando un paisaje compuesto por cuatro capas básicas: piedras (rocas...), arena húmeda, orilla del mar y cielo extremadamente azul. Las pieles pálidas se han teñido de un rojizo-rosado que los disfraza de apariencia porcina. Gambas andantes, chinas-japos-koreanas con paraguas-repelentes-de-sol, polacos en manada familiar y diez catalanes deambulando, disfrutando, por un ‘seafront’ envidiable. Geriátrico, pero anhelado.

Agradezco poder pasear, gratis, disfrutando de la playa, del sol y de un clima primaveral, envidia de much@s en el mes de julio (casi agosto). A pesar de no sufrir las húmedas llamas del infierno climático que vivimos en España, veo una cola interminable de familias inglesas sedientas por sofocar el calor con un delicioso helado y decido unirme a ellas. Muchos helados me resultan familiares, otros no los había visto en mi vida. Me decanto por un helado lleno de ‘sprinkles’ multicolores, añoro la pluma que tanto me entretiene en Barcelona. Busco un hueco, cavo un agujero entre el pelaje rocoso, y entierro mi culo. Adiós envoltorio, bienvenido seas, paraíso. Me dispongo a lanzar el primer mordisco, pero algo llama mi atención. Observo el mar tras el helado plumoso. Marea baja, aguas considerablemente calmada, clima ideal, familias relajadas y disfrutando de sus vacaciones. ¿Se avecinará un Tsunami? Mejor no pensar. Mis muelas envían una carta de reclamación a mi cerebro con la palabra “Sensibilidad al frío” como asunto. Saboreo el helado, cierro los ojos, siento un cierto mareo.
Resumen: Observo las 4 capas, compro el helado, me siento, analizo la marea, hago la foto, primer mordisco al helado, me mareo. Minutos después estaré ante un policía dando explicaciones. Un día después catando vino ante más de cien personas. Dos días después en un balneario. Tres días después fotografiando a travestis escandalosas. Dios sabe, o no, qué haré el domingo.

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